martes, 18 de noviembre de 2014

Sobre el racismo en Perú

Hace seis años que vivo en Lima, Peru. Y desde hace tiempo me vengo preguntando por qué los peruanos son tan agresivos y se discriminan entre sí.
En los últimos días el debate se ha hecho público una vez más, ésta vez debido a los comentarios de un chef peruano que trabaja(ba) en Bolivia. Gracias a la mediocridad y bajeza de sus declaraciones en medios virutales, se ha abierto nuevamente el tema acerca de la naturaleza racista, vengativa y envidiosa que tienen los peruanos. 

Un año atrás el tema salió a la luz por los comentarios de una conocida actriz peruana: “Los nuevos ricos, esos son horrorosos”, estaba hablando de quién es pituco y quién cholo en una entrevista televisiva.  Luego de embarrar su discurso trató de explicar la idea pero solo hizo más que enterrarse: “A mí la huachafería siempre me ha disgustado. Cuando digo los nuevos ricos hablo de esa gente que ha hecho plata pero que te la refriega por la cara, que entran a un restaurant y son prepotentes, que maltratan a los demás”.

En lo personal entiendo la idea, pero hablar de huachafería es también discriminar. Al final, queda el gusto amargo de enfrentar un problema real que existe y que la gente vive a diario. El sentirse discriminado por su color, rasgos, educación o nivel económico.

Podemos encontrar más ejemplos, como ser cuando el actual presidente Humala ganó las elecciones. En redes sociales se leían este tipo de comentarios: “Maldición! Humala presidente… Ahora el VIP se llamará Very Indian People”, “Toda la gente que vota por Humala debería morir. Así habría menos pobreza”

Pero no solo se ve discriminación en el ámbito político, eso se percibe a diario. Según Juan Acevedo, historietista de larga trayectoria, “El racismo aplicado a la política es solo una prolongación del racismo social real que vivimos en todo momento, en todas partes….”
“El solo hecho de ser reconocido como miembro del grupo dominante le trae a uno, y a los individuos más cercanos a uno, muchas ventajas adaptativas. Por eso aún sobrevive el racismo. Pero el racismo no tiene justificación científica, es un vicio moral y es el producto de la ignorancia” Pablo Quintanilla, filósofo.

Me pregunto cuando los peruanos aprenderán a convivir con sus diferencias y a saber exponer  sus ideas sin por ello descalificar a los demás, recién ahí empezarán a vivir en una sociedad inclusiva, dónde el respeto y las buenas costumbres aflorarán y dónde podrán convivir en armonía.

¿Pero cuál es la solución para exterminar de una vez la discriminación? Según mi punto de vista varias cosas deben cambiar. Para empezar hay que aprender a respetar y a no vivir juzgando (paradoja de una sociedad tan católica como es la peruana).


“Para amar a los demás, primero debes amarte a ti mismo” frase tan trillada pero que expresa perfectamente la idea. 

Cómo volver a casa sin morir en el intento? - Lima, Perú

Lima es la ciudad de las cuatro ruedas. Para empezar, no está diseñada bajo algún criterio lógico de urbanismo. No existe un orden fundamental, tan solo grandes vías que conectan lejanos distritos.


Lima es una ciudad extendida con una gran cantidad de habitantes (casi 9 millones), algunos barrios de alto nivel económico, y otros (la mayoría) de muy bajo nivel de vida. 



En cualquier zona, algunas más que otras, uno corre el riesgo de morir aplastado por cualquier medio de transporte. Caminar por la vereda es una odisea. Uno tiene que esquivar no solo la gente, que en general no tiene los modales de abrir su paso, sino también bicicletas, monopatines, motos, autos y taxis, que tienen la costumbre de ocupar los únicos espacios que tenemos los transeúntes. 



Además del espacio compartido en las veredas, hay que prestar especial atención en las esquinas. Los semáforos (si es que hay) no indican mucho, apenas dan una idea de los tiempos para que los autos pasen en cada sentido. Para cruzar una calle en Lima, hay que esperar la luz verde y luego esperar que los autos dejen de pasar, y ésto es cuando se les de la gana! Las líneas blancas, conocidas internacionalmente para que los peatones crucen, tampoco se respetan. 



Los policías de tránsito parecen muñecos pintados. Ellos también andan esquivando ruedas. No cuentan ni con el poder, ni con el respeto de los conductores ni peatones. 


Imaginemos que además de intentar caminar de manera solitaria, estamos con niños caminando de la mano. Lo más atinado sería sacarlos con casco como medida mínima de seguridad...


En conclusión, para visitar o vivir en ésta ciudad, es bueno salir con algún escudo o halo protector, porque volver sano es más que un desafío, algo casi imposible de lograr!